El retraso de 15 días en el inicio del riego, con respecto al año anterior, determinó una demora igual en el proceso de apertura de las flores de jojoba. Dado que en ambos años el período durante el cual las flores femeninas de jojoba dejaron de abrir, terminó coincidentemente a fin de septiembre, su duración se vió reducida en una tercera parte. Teniendo en cuenta esta realidad, y adjudicando a la apertura floral una típica distribución normal, la Figura 1-PC nos grafica la curva floral para cada uno de los años considerados.
Comparativamente, el periodo floral del 2002 tuvo una duración total de 45 días, resultando 15 días más prolongado que el del 2003. Esto necesariamente implicó para el último año una mayor concentración diaria de la apertura floral, aumentando así peligrosamente el porcentaje de daño en los procesos reproductivos, debido a la potencial ocurrencia de fenómenos
climáticos (Figura 1-PC) .

Las influencias climáticas negativas fueron valoradas utilizando los datos diarios de temperatura máxima extrema y velocidad máxima sustentable del viento.
La velocidad del viento utilizada para el análisis fue la correspondiente al viento máximo sustentable (o sostenido) y no a las ráfagas máximas. Combinando los valores diarios de la velocidad del viento y el porcentaje de apertura floral, vemos que en el año 2003, el 27% de las flores abrió en días con vientos de más de 30 km/hora, mientras que en el año 2002, sólo lo hizo el 9% (Figura 2-PC) . Si agregamos las aperturas florales correspondientes a días con vientos de más de 25 km/hora, el 43% abrió en el 2003 y el 30% en el 2002.

La presencia de vientos fuertes y calientes durante la floración, como en este caso, están asociados en diversas especies, con pronunciadas bajas en el número de flores polinizadas. La desecación de los estigmas, el aumento del nivel de incompatibilidad del polen, la velocidad de tránsito de los granos de polen que impide la polinización, y el zarandeo excesivo de las flores, son algunos de los factores negativos involucrados. Esta grave interferencia fue reportada para este mismo ecosistema, por Ayerza y Coates (2003), en experimentos realizados con olivos.
Asi tambien, los vientos fuertes levantan el polvo de los suelos desnudos, especialmente en ecosistemas fuertemente desertificados como es el caso del Chaco Arido (Ayerza, 1992), creando tormentas de tierra que terminan depositando una densa capa de polvo sobre la planta entera, disminuyendo dramaticamente la viabilidad del pollen disponible (Vaknin et al., 2003).
Los fuertes vientos pueden también llegar a explicar porqué casi toda la fructificación del año 2003 procede de las polinizaciones ocurridas durante la primera mitad del período reproductivo, ya que el promedio de la velocidad sustentable del viento en esta primera parte fue de solo 19.8 km/hora, en comparación con un promedio de 27.7 km/hora para la segunda mitad del periodo floral.
La presencia de altas temperaturas durante el proceso de polinización ha demostrado ser sumamente negativo para diversas especies, afectando el desarrollo de la floración, la polinización y el cuaje de los frutos. Combinando los porcentajes diarios de apertura floral y las temperaturas máximas (Figura 3-PC) , vemos que en el año 2003, el 72% de las aperturas florales se realizaron en días en que la temperatura era superior a los 27 EC; comparativamente, en el año 2002, el porcentaje de apertura para días con igual registro térmico fue del 51%. Con temperaturas superiores a los 32 EC se produjo la apertura del 30% y el 17% para los años 2003 y 2002, respectivamente.

En cambio, si tenemos en cuenta el porcentaje de las flores que abrieron cuando las temperaturas eran más apropiadas para el proceso de polinización (< 27 EC), vemos que en el 2002 fue 49%, mientras que en el 2003 sólo 27%.
La combinación de los datos de las Figuras 2-PC y 3-PC , tomando sólo las temperaturas y los vientos superiores a 32 EC y 30 km/hora respectivamente, muestra que en el año 2003 el 43% de las flores abrieron en días con por lo menos una de estas dos características negativas para el proceso de polinización. En cambio, en el año 2002, solo el 23% de las aperturas florales tuvieron que soportar los efectos de al menos una de estas dos características climáticas.
Utilizando esta combinación de datos para comparar las dos mitades de la curva de distribución normal correspondiente al año 2003, se ve que en la sección creciente de la curva, al menos uno de estos dos factores climáticos negativos afectó al 10,7 % de las aperturas florales femeninas, mientras que en la mitad descendente ascendió al 32 %. Esta marcada diferencia ha debido estar relacionada, sin duda, con la prácticamente nula fructificación obtenida en la segunda mitad del período de apertura floral femenina, y con la temprana finalización de liberación de polen por parte de las flores masculinas.
Por otro lado, comparando las recolecciones de polen realizadas para el programa de
polinizacion artificial, la correspondiente a la floracion 2003 resulto casi 3 veces menor que la del del 2002. Asi tambien la calidad del polen resulto inferior, obteniendose una viabilidad maxima de 16 y 9.84 granos viables de polen por gramo, para las colectas de 2002 y 2003, respectivamente (Coates et al., 2004).